Cinco días después encontraron los cuerpos de dos víctimas del Río Mutatá

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El jueves seis de junio terminó la incertidumbre para los familiares y amigos de las tres víctimas de la creciente del pasado fin de semana del Río Mutatá.

Ibeth Yulissa Arteaga Palacio de 19 años de edad fue encontrada el mismo día de la tragedia, pero su melliza Liseth Paola y el niño Antonio José Herrera Hernández de 12 años fueron encontrados luego de cinco días de búsqueda por parte de familiares, Defensa Civil de Mutatá, Cuerpo de Bomberos con apoyo de los de Carepa, Chigorodó, Ejército, Policía y la Armada.

La Chiva de Urabá acompañó a los rescatistas y familiares que se dividían en grupos en kayak, neumáticos, canoas con motor y a pie, en jornadas que iniciaban a las 6:00 de la mañana hasta caer la noche, por playas, palizadas y múltiples brazos del Río Mutatá y Riosucio, donde finalmente en Brisas fue encontrado el niño sobre las 10:00 de la mañana, y en Pavarandocito la joven sobre las 2:00 de la tarde del jueves 6 de junio.

Durante la búsqueda hablamos con Antonio Herrera, padre del pequeño, quien contó detalles del paseo: “Veníamos a hacer una diligencia donde los familiares de la mujer, nos quedamos y ese día decidimos ir al río. (…) Fuimos a bañarnos por él. Hicimos un sancocho en la casa y él fue con varios a bañarse temprano, regresaron a almorzar y yo dije; voy a ir al río así sea a conocer”.

“FUE UNA COSA IMPRESIONANTE”

El hombre narró los desgarradores momentos cuando la creciente se llevó todo a su paso: “La avalancha que viene de arriba hace rugir el agua y uno empieza a sentir en los pies, pero eso fue cuestión de minutos. Mi hijo estaba cerca de mí, pero como él era de los más grandes y había un niño di la espalda y le dije, súbase a la piedra que yo lo recojo ahorita, pero en el momento que yo fui a dar la vuelta para mirar a los más pequeños, me pegó el chorro de agua y me tumbó, ahí fue donde perdí tiempo”.

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El papá desde la orilla le gritaba al hijo que tuviera calma en la piedra que estaba a 3 o 4 metros de la orilla: “Yo estaba un poquito nervioso, pero era el más sereno de todos porque había gente que corría, la mamá lloraba, le dije que estuviera tranquilo que no iba a pasar nada, que el agua no llegaba hasta allá”, guardaba la esperanza que la creciente parara: “El agua llegó a la piedra y el nivel empezó a subir, habían cinco en la piedra. No teníamos forma de hacer nada, no había lazo, ni un machete para cortar un palo, entonces la esperanza que se abrigaba era que el río no subiera, ellos se sostuvieron, hubo tregua, donde hubiera habido un rescate, hasta que llegó una ola grande y los tumbó a todos, ahí fue cuando yo me tiré al río a tratar de salvarlo, pero ni siquiera lo vi, lo vieron más los que estaban afuera, el agua me tiró contra una peña, agarrándome de las ramas logré volver a salir”.

EL NIÑO PEDÍA AYUDA: «IBA NADANDO Y GRITANDO ‘MAMI, MAMI’ «

La muchacha que quedó no sabía nadar, pero el agua la tiró sobre la piedra y el muchacho llegó nadando.

Comenzaron la búsqueda con la esperanza de encontrarlos vivos: “Madrugué a la 5:00, no esperé a nadie, tenía más o menos idea en el recostadero, que de pronto él hubiera tenido la forma de agarrarse de algo y amanecer por ahí”.

El adolorido papá llamó a las autoridades a implementar seguridad en ese lugar turístico: “Habían buses, carros motos, la gente tomando, donde tengamos una ayuda ahí no pasa nada, donde tengamos siquiera un neumático”.

Antonio era el segundo de cinco hijos, cursaba el grado séptimo y vivía con su familia en Nuevo Antioquia, Turbo: “Era un muy buen estudiante. Ningún papá ha tenido la fortuna de tener un hijo como ese”, dijo el padre.

El día 6 de junio, los cuerpos llegaron a la Morgue de Mutatá para los procedimientos post mortem y entrega a los familiares. Mientras que en medio de homenajes de familiares y compañeros de estudio, el día anterior había sido sepultada en Apartadó Ibeth Yuliza Arteaga Palacio.

 

 

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