Lo encontraron muerto en el baño después de tres días

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La mañana del viernes 27 de diciembre, en su residencia del barrio Kennedy de Chigorodó, fue encontrado el cuerpo sin vida de Carlos Granda de 57 años de edad, en alto estado de descomposición.

Una amiga del hoy fallecido, le contó a La Chiva de Urabá que compartió con él durante el 24 de diciembre, y no lo volvió a ver: “Abrí los vidrios de la ventana y vi la ropa en el suelo, pensé que le había pasado algo, yo vi moscas y había mal olor, así que llamé a la Policía. Los que entraron dicen que estaba sentado en el baño, tengo una llamada perdida de él en la madrugada del 25, demás que en ese momento estaba vivo o maluqueado”.

La mujer contó que el último día que lo vio compartieron hasta horas de la tarde: “En la mañana le traje galletas dulces, comimos, desayunamos, almorzamos y ya en la tarde me dijo ‘tráigame un pollo asado que yo no voy a salir, me voy a encerrar’. La gente se extraña, porque él a las 10:00 de la mañana estaba barriendo, trapeando, haciendo desayuno (…) y ya llevaba tres días encerrado”.

Aunque los familiares aseguran que estaba luchando contra las drogas, al parecer el último día estuvo consumiendo.

Carlos estaba separado, y producto de la relación dejó un hijo mayor de edad que actualmente está fuera del País. Su familia vivía en España, de dónde él había llegado recientemente.

Familiares residentes en Colombia y en el exterior enviaron mensajes de dolor: “Solo puedo decir que era un hombre único que se sacrificó toda su vida por su familia. Tío, sos, fuiste y serás un guerrero, que Dios te tenga en su gloria y llene tu alma de paz”, Hollman Salazar Espinosa.

Maribel Granda, hermana del difunto, residente en la Capital Antioqueña, escribió: “El 23 de diciembre hablamos en la noche. Me dijiste que el fin de año volvías a Medellín ¿Por qué, Dios? Descansa en paz, Mi Regio, como te decía”.

El hombre vivía solo y no tuvo quién lo socorriera: “Que tristeza que la gente especule sin saber las cosas. La mamá y la hermana viven en España y nosotras las medias hermanas, Marybel, Emilcen, Bety y Astrid, vivimos en Medellín. Yo tenía contacto con él casi diario, él vivía allá por razones personales, no es que estuviera abandonado. Nadie sabe el dolor de nadie”, agregó la mujer.

Los familiares llegaron a recibir el cuerpo que fue sepultado al día siguiente.

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