Editorial | Alcaldes en luna de miel

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EDITORIAL | La Chiva de Urabá


Escoba nueva barre bien, y la mayoría de los alcaldes de la subregión llegaron recargados de energías a pesar de las extenuantes y polarizantes campañas, no han parado de tocar puertas para materializar la gestión, aun antes de haber tomado posesión de sus cargos, de la misma manera algunos secretarios de despacho se han echado el puesto al hombro.

Lo importante es que la gasolina les aguante por los cuatro años, y las buenas intenciones se conviertan en obras y amores permanentes para la comunidad.

La mayoría de las alcaldías las dejaron endeudas, con obras empezadas, colapsadas, mal hechas y con burocracia en exceso.

Pero a pesar de todos los problemas, los mandatarios han puesto en conocimiento de las autoridades lo que tenían la obligación de saber; han hecho correctivos, sin perder el horizonte, pues tienen 90 días para aprobar su Plan de Desarrollo.

En Arboletes, a Diana Garrido le ha tocado enfrentar la crisis del agua, lo que ha aprovechado para pensar en una solución en grande a mediano plazo. De La Rosa, en San Juan, llegó pintando fachada y cambiando la cara a la sede fea y mal aseada que le dejaron. En Necoclí, Tobón también tuvo que pasar la crisis del agua en plena Fiestas del Coco.

En Turbo y Apartadó, los Felipes, además de la olla raspada que encontraron, enfrentan crisis laboral, por resolver ante los jueces por los nombramientos en provisionalidad del 31 de diciembre que sus antecesores les dejaron, así como evidentes hechos de corrupción que han tenido que denunciar.

Carepa, Chigorodó, Mutatá, Vigía del Fuerte y Murindó, no han tenido mucho protagonismo, pero sus alcaldes igual están organizando sus casas y planeando lo que será administrar sus pueblos durante cuatro años, donde la gestión será fundamental, si quieren que les perdure la luna de miel.

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