Opinión | 29 años de un 1 de marzo

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OPINIÓN | JAIRO BANQUETT

Comunicador social periodista 

Sobre la guerra y la paz, sobre amnistías, excarcelaciones y perdones judiciales se ha escrito mucho, en especial sobre el conflicto armado, la historia de la Constitución Conservadora de 1886 que reemplazaba la Constitución liberal de 1863.

La Constitución de 1991 reemplazó a la de 1886, producto de la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, materializada para responder a la firma de los acuerdos de paz con las guerrillas del M-19, en marzo de 1990, y del Ejército Popular de Liberación en marzo de 1991.

El Movimiento 19 de abril, abreviado en el M-19, se alzó en arma, como expresión política de la Anapo Socialista -Alianza Nacional Popular-, tras la proclamación del presidente conservador Misael Pastrana Borrero, último del Frente Nacional, porque los de la ANAPO reclamaban el triunfo para el General Gustavo Rojas Pinilla.

El EPL -Ejército Popular de Liberación-, nació a partir de la división interna del Partido Comunista de Colombia, quienes dirigían a las FARC, y el nacimiento del Partido Comunista Marxista Leninista. Los primeros seguían el modelo comunista impuesto por lo que se conoció como Repúblicas Socialistas Soviéticas, y los segundos el modelo de Revolución de la República Popular China, instaurada por Mao Tse Tung.

Eran tan apegados a los discursos y las prácticas internacionales que asumieron el mismo nombre de la guerrilla china dirigida por Mao, Ejército Popular de Liberación, cimentado sobre la base de las viejas guerrillas liberales en el Alto Sinú y San Jorge, departamento de Córdoba en febrero de 1967.

Independientes de sus ideologías, ambas guerrillas pusieron en jaque a la institucionalidad desde los movimientos sociales, campesinos e insurgentes, con los que pretendían tomarse el poder con la fuerza de las armas, porque no creían en el sistema electoral colombiano.

Pero también coincidieron en encontrar una salida política negociada a la confrontación armada, uno y dos años después de la caída del muro de Berlín, la unificación de las alemanias, el fracaso de la Unión Soviética y la transición de China hacia economías capitalistas, aunque continuaran con la dictadura de un solo partido, y lo que ellos mismos llamaron luchar desde la institucionalidad por la Apertura Democrática, y su incursión en la vida política electoral.

La desmovilización del EPL fue el 1 de marzo de 1991, en el corregimiento Pueblo Nuevo, municipio de Necoclí, la mayoría jóvenes fogosos entre los 18 y 35 años de edad, que vestían camisas de chalí, acostumbrados a dormir en trincheras debajo de plásticos; de la noche a la mañana llegaron a buscar refugio en pequeñas habitaciones del barrio Pueblo Nuevo de Apartadó, en donde vivían hasta 10 muchachos juntos que no sabían cuáles serían sus rumbos, hasta que la guerra de las disidencias, los Comandos Populares o la institucionalidad les tocó la puerta.

A los 29 años de ese hecho histórico para Urabá, los que ingresaron al DAS están próximos a ser jubilados en la UNP, los que siguieron en la guerra la mayoría murieron, entre ellos sus máximos líderes: Gonzalo, Caballo, Ricardo, Shirley, Los Gavilanes, entre otros. Hay quienes pagaron 40 años de cárcel, el jefe de la disidencia, Francisco Caraballo, hoy es un destacado pastor evangélico; otros han sido alcaldes, diputados, constituyentes, senadores o concejales. En donde pocos han brillado, muchos han sido uno más de los mismos que decían combatir.

Otros se aferran a la vida sin dejarse vencer de la enfermedad, como mi amigo Teodoro Díaz Lobo, “Platón”, a quien deseo que siga replicando la consigna de hace 29 años, de un 1 de marzo: “Porque nos invaden más los sueños que los recuerdos”.

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