Opinión | Chigorolló

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OPINIÓN EDUARDO ZAMBRANO

Abogado, líder político y social

Por estos días y por invitación que me hiciera el alcalde de Chigorodó, Eleazar Palacio Hernández, vengo acompañando a la nueva administración municipal, haciendo parte del equipo jurídico.

El alcalde Eleazar ha manifestado que no puede decir que no sabía en que se iba a meter al ser candidato a la Alcaldía, y ha asumido con entereza y claridad las riendas del Municipio.

La cuestión no pasa por saber a qué se iba a meter o cómo está actualmente el Municipio, el asunto es preguntarnos por qué llegamos a esta difícil situación de tener gran parte de las cuentas embargadas, deudas por fallos judiciales desproporcionadas, entre otros retos que enfrenta el equipo que hoy lidera el alcalde Eleazar.

No hay derecho. Edgar Payares echó a un grupo de trabajadores oficiales en su primera administración y en la segunda pudo reintegrarlos y acabar rápidamente y barato con esa situación, pero la prepotencia, el orgullo y mal asesoramiento, hizo que con argucias jurídicas, que se sabía no iban a prosperar, que ese proceso viera el sueño de los justos durante años, y que hoy se calcule una deuda entre 14 mil o 16 mil millones de pesos.

Pero estos fallos no son los únicos. La cuestión da rabia y tristeza, que sin sentido es el de hacerse elegir con un discurso popular para luego ir a hacer del capricho una forma de gobernar. Lo paradójico es que Edgar Payares llegó a las dos alcaldías siendo reconocido como un líder sindical y sacó a unos trabajadores oficiales violando el fuero sindical. Qué vaina.

Muchas veces en los municipios se hacen las cosas de la manera equivocada por costumbre, “porque así se ha hecho siempre”, le dicen a uno. 

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