Opinión | Dominguero

0
284

OPINIÓN | RAFAEL ROMAÑA «ROCO» 


El domingo, a eso de las 12: 30 de la mañana, estaba en la playa, pedí un taxi y me contestó una voz aburrida: “A esta hora los taxistas no se atreven ir allá”. Le comenté a mis vecinos de mesa y respondieron: ‘Ni al Bosque ni al Obrero arriba, ni a Brisas’.

Qué pena, qué dolor estar sitiados en nuestro mismo pueblo. Comprendí la voz aburrida de quien me contestó. Sitiada la oportunidad para conseguir un pan digno para sus hijos con trabajo honrado.

Alejo, el exalcalde, cordialmente me envió en su carro, y a esa hora había un pueblo fantasma, solitario, melancólico, los pocos parlantes que se escuchaban sonaban sin alegría, la sonrisa de los que se atreven a caminar a esa hora parecía prestada al ver pasar por su lado hombres, casi niños, de tres en moto, quienes al mirarte con frialdad pasmosa se te hiela el alma, tal vez no de miedo sino de tristeza al pensar que hay un gran porcentaje de juventud perdida en el vicio y en el chantaje a nuestros naturales miedos.

Recuerdo con emoción nuestra vieja aldea de pescadores donde no teníamos moles de cemento, ni circuito cerrado de vigilancia televisiva. Solo el viejo ladrido del perro cansado de descansar daba la alerta de un extraño que empujaba la barrera de un taburete de cuero curtido por el tiempo y de tanto llevar peo de las visitas, el supuesto extraño lo corría, abría su puerta de madera apolillada y en la sala tendía su petate. Sacaba su almohada, guindaba su toldo y hasta el otro día.

Con los buenos días recibía un tinto mañanero y cariñoso, y pernoctaba allí todo el tiempo que quisiera, pues había calor humano y comida caliente sobre los bindes que eran los soportes del fogón de leña.

Hoy tenemos puertas modernas con seguros en clave, sentimos miedo dentro del mismo aposento y dormimos con el credo en la boca cuando un ser querido se encuentra en la calle después de las diez de la noche, como decía el poeta Jorge Robledo de la Antioquia Grande:

“Siquiera se murieron los abuelos», para que no vieran empañadas sus reuniones vespertinas en el corredor de sus humildes casas.

Construir pueblos modernos es fácil, construir conciencias generosas y educadas es bien difícil cuando el modelo a seguir es bien distinto a la moral y buen ejemplo, pero hay que intentarlo 70 veces 7, hasta que comprendamos que hay que volver a la buena crianza, pues dolorosamente se nos fue de las manos, donde todos somos culpables; por lo tanto todos debemos cambiar. En la aldea de pescadores todos contribuían en la manera de criar, hoy malcriamos.

Para rescatar las calles de la barbarie necesitamos un Sheriff estilo viejo Oeste americano, tal vez de pronto, quien sabe… Por principios no lo recomiendo, apelaría más bien a una reunión de ancianos, como en mi querida África lejana: que suene el cuerno citándola y los tam-tam retumben en la montaña diciendo que necesitamos paz de cuerpo y de espíritu.

Duele aceptarlo, pues los turbeños no somos así. Con temerosa esperanza.

Se las dejo ahí… Roco…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here