Opinión | «La Mamita» es buena

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OPINIÓN | JAIRO BANQUETT

Comunicador social periodista 

María Marleny Gómez Giraldo, la mamá del trovador Juan Sin Miedo, Astrid, Mónica, Leidy Carolina, Jaime, María Victoria Suaza de Camaleón de Urabá, y otros cuatro hijos más, es una bella anciana que me ha querido. Lo demostró cuando yo estaba en la cárcel y ella, gemela nacida en Inzá, Cauca, e hija de padres de Marinilla, Antioquia, hizo un pacto con Dios: «Si sacas de la cárcel a Jairo Banquett, yo dejo de fumar», apenas quedé en libertad «La Mamita» cumplió la promesa. Pero ya sus pulmones estaban deteriorados y otras enfermedades la fueron maltratando.

Se casó con Juan Bautista Suaza cuando tenía 15 años de edad y le tocó trabajar duro.

Le transmitió la vena artística a sus hijos, a la par que vendía empanadas y legumbres en la Plaza Minorista de Medellín, mientras que sus hijos vendían cartoncitos de agujas. «Eran tiempos duros en que cocinaba dos huevitos para cuatro personas», dijo.

Luego llegó a vender 500 paquetes diarios de arepas, sus hijos Jaime y Juan tenían que moler el maíz, vender las arepas e ir a estudiar, pero siempre les aconsejaba que participaran en los actos culturales, les insistía y les suplicaba que debían tener un arte.

Llegó a Apartadó en 1999, de la mano de su hija Astrid, y se vinculó a los procesos de la Casa de la Cultura, convencida que el arte significa entretenimiento, amor y productividad. Años después participó del «Reinado de la Tercera Edad».

La madre de los Suaza me adoptó, hace meses se debía someter a una operación en donde las esperanzas de vida eran pocas, «pero Dios es el dueño de la vida» dijo, y le pidió a María Victoria que me llamara porque se quería despedir de mí antes de entrar al quirófano en caso de que no despertara más.

Los médicos la mandaron a esperar los tiempos de Dios en su casa, está pegada de una pipeta de oxígeno, ya casi sin nada de pulmón, con la caja toráxica en su mínima expresión, pero su capacidad mental intacta al momento de escribir estas líneas. Así la encontré en la noche del miércoles 21 de agosto, cuando pude responder a su llamado: «Díganle a Jairo Banquett que venga para despedirme de él».  Ese día abrió los ojos para atenderme, hizo un gran esfuerzo para coger mi brazo, miró a su hija Astrid y le dijo: «Él es bueno».

Me dijo que le gustaba andar sola, que había venido (en espíritu entendí), hasta mi oficina a visitarme y no me había encontrado, estaba feliz porque quería verme, y me dijo que orara por ella.

Le dije: «Buena ha sido usted que logró criar a sus hijos, que hizo la tarea bien hecha y les enseñó que pusieran a pensar la gente sonriendo desde los escenarios. Les enseñó un arte y los alejó de los malos caminos». Me arrodillé frente a su cama, le puse la mano sobre la frente y oré con ella mientras que con su mano derecha intentó hacerse la señal de la cruz.

«La Mamita» e s t á esperando los tiempos de Dios para partir a la eternidad, 20 años después de haber llegado a Urabá se irá en paz, y aunque a veces el dolor es insoportable físicamente, «La Mamita» se va feliz porque terminó bien la jornada y sabe que ella es buena.

A mí me queda la satisfacción de haberle hecho un homenaje en vida, como debe ser; porque «La Mamita» es una buena mujer, imitadora de María la que tuvo el honor de concebir a Jesús.

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