Opinión | Plaquetas para Teo

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OPINIÓN | JAIRO BANQUETT

Comunicador social periodista 

Mi amistad con Teodoro Díaz Lobo data desde 1977, cuando desde las luchas estudiantiles en Córdoba, él en el colegio Simón Bolívar y yo en el INEM de Montería, soñábamos con cambiar al mundo. Nos conocimos en un congreso estudiantil en Lorica, donde recibimos un curso acelerado de comer cangrejo cocido con amigos de San Antero, en donde hoy se hace el festival del burro.

Luego sus sueños de País lo llevaron a defender sus ideas políticas en el EPL, hasta que gracias a Dios rectificó el camino y se reconcilió con la sociedad y el Estado, contra quienes se había vuelto rebelde.

Se hizo concejal de Turbo y el recrudecimiento de la guerra lo sacó del entorno a orillas del mar Caribe, donde quería hacer su proyecto de vida desde la política en 1991, y se trasladó a Apartadó en donde fue Concejal, alcalde y secretario del Concejo.

En el tira y afloja del conflicto, y siempre defendiendo la paz como opción de vida, terminó envuelto en líos judiciales de donde salió airoso luego de casi cinco años de estar en prisión.

Pero desde el año 2013 el organismo de Teo le empezó a pasar factura de sus largas caminatas nocturnas, de la falta de alimentación a tiempo y adecuada, y sobre todo, el estrés del conflicto y el postconflicto que para el caso de los desmovilizados del EPL 28 años después no ha terminado.

El primer golpe postconflicto fue la prisión. Perder el sagrado derecho de la libertad es de las cosas más traumáticas para un ser humano. Luego superó la aneurisma, la operación a corazón abierto, la extirpación de la vesícula, problemas renales, estuvo más de 15 días en coma inducido hasta que los médicos le descubrieron un tipo de cáncer llamado mieloma múltiple, y estuvo hospitalizado durante más de 100 días.

Le dieron de alta y continuó con las diálisis, las quimioterapias, los tratamientos para el colesterol, y así, acabando de salir de las quimios, no es difícil encontrarlo asistiendo a reuniones. Organizó los 28 años de la dejación de armas, festeja su cumpleaños y los de hijos y nietos, posa en fotos en las redes con Yanely Zuluaga, la esposa de los últimos 20 años, arranca matas de yuca, pasea el campo, degusta de una viuda de pescado y hasta saca tiempo para mirar mis fotos en el Facebook y me da consejos de etiqueta y glamour.

Me llama desde el hospital o la clínica y me dice «Ese ruido de esas máquinas de la quimio y las diálisis me tienen sicociado», pero continúa en la lucha por la vida convencido que, le toca asumir la vida con una enfermedad terminal pero no pierde la esperanza de derrotar la enfermedad y vivir más y más.

Está aferrado a Dios, pide cadena de oraciones y recurre a sus amistades para que le donemos plaquetas porque en los últimos días le extrajeron más de 3 millones 600 mil células madres, las someten a un tratamiento y se las transfunden para que en la columna se reproduzcan en un ambiente sano y de esa manera combatir el cáncer.

Teo necesita donación de plaquetas en la torre tres, primer piso de la Clínica de Las Américas en Medellín, con gusto, si somos aptos lo haremos porque me encanta llamarlo y que me diga: «Mijo tenga en cuenta que esto no tiene remiendo pero sigue uno viviendo, respiramos así sea con dificultad pero respiramos y le damos alegría a la familia y amigos».

Larga vida a mi amigo Teodoro, todavía hay muchas historias por contar y escribir.

 

 

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